lunes, 22 de enero de 2018

Contracorriente

Y dijiste entonces que éramos contracorriente, que nuestro eterno ser consistía en nadar siempre contra el curso natural y besar la espuma de las olas, que nuestro fuego sería aguado por las marismas más profundas, que nuestro hielo, con todo, se derretiría para nuevamente renacer como un puñal helado y cálido como la suave espuma al amanecer; que nadaríamos hasta desgastarnos los brazos, hasta secarnos los labios de la sal y de los besos que aún compartiríamos, que nuestros sueños no eran más que el reflejo de un mar, que aun profundo y consuelo de maravillas nunca vistas, permanecería envuelto en una burbuja frágil sostenida únicamente por el miedo de oírla romper; que al final de todo, no seríamos más que eterno deambular entre entre el ocaso y el mar.

Y, aunque ninguno de los dos lo dijo, nuestra contracorriente era nuestro mayor logro, y nuestra mayor perdición. 

lunes, 21 de noviembre de 2016

El vuelo de los estorninos por las mañanas me produce placer


Cada día, poco antes de cruzar el semáforo que me lleva a la boca del metro, mientras este está aún en rojo, observo el vuelo de negros estorninos batir sobre mi cabeza sus alas. Ensimismada en el carbón de sus alas que cubren un cielo repleto de nubes. En ese momento, pienso en qué afortunados son de no perder el sentido de su vuelo en ningún momento, cuánta seguridad encierran en plumas tan ligeras, y la celeridad con la que el aliento de su sombra se desvanece entre las nubes. 

Ajetreados, a veces en grupos o bien solitarios, parecen predecir con exactitud el rumbo de su próximo viaje. O si por alguna casualidad este vuelo es debido al mero y fortuito azar, benditos sean los azares que rigen sus vuelos, pues avanzan con pasos más firmes que los míos, y al menos ellos no se derriten a las pisadas de pies de pluma sobre el crisol del hielo.

Me da placer verlos, desde aquí abajo, contemplar durante apenas unos segundos el vuelo constante y sereno. Y por un momento, mi pensamiento se contagia de su vuelo y parece alcanzar su misma seguridad antientrópica, y durante un solo momento, intenta camuflarse entre ellos, y sólo un instante dura este dichoso sentimiento. Me da placer ver los estorninos, por si mi propio Estornino se contagiase por azar algún día del vuelo que rige sus alas.


martes, 9 de diciembre de 2014

El ocaso de los Trogloditas



Ariadne, Sir John Lavery

        "Como poeta, Apolo reclamaba derechos excelsos destinados a veces al azar de los astros y el hado, como suyos únicos amantes anclados a su piel y alimento de sus sanguijuelas más profundas. Se sentaba en aquella butaca roca de terciopelo cetrino y sus demonios se iluminaban con el más tenue candil ilustrando su máximo ingenio con una mínima luz. ¡Cuántos y cuántas veces nos creímos destinados a aquella mirada solar, a aquellos ojos; nos creímos el foco de aquella luz, nos tragamos su infinito silencio y lo proclamamos respeto fruto miedo del ingenio! ¿Cuántas veces y cuántas plumas secas se mojaron de nuevo para continuar aquella quimera que anunciaban prematura ‘obra maestra’, orgullo de antiguas y silencio de aspirantes incapaces de anclarse con ascuas y dientes al cuello ajeno? Cuántas, tras este efímero encuentro amoroso y húmedo, quedaron secas, desoladas, desterradas del papel arrugado como viudas que cubren el rostro de la desgracia de su más preciado fruto, hayan sido amargos como la áspera hiel o dulces como la miel en los labios prohibidos de ser alcanzados. 

        ¿Cuántas tintas como las de Apolo se deslizaron con tanta suavidad por la seda del papel, que pareciese que Orfeo dictase su recorrido y su último placer alcanzado antes de morir; olvidadas por la sinrazón y la razón más que racionalmente perpetua de aquellos que, bien encomendados, se redimen y aceptan la prisión eterna de sus vástagos? Los elevan para sentirse elevados, los arrastran al vacío para caer con ellos. Lloran los astrados, y los que no, quedan ciegos en el laberinto de sus musas creyendo haber encontrado la salida, creyendo haber encontrado una voz ajena que le responda al eco solitario de su propia voz; la mano de una falsa Ariadna que los conduzca con una suavidad impalpable a lo más profundo del laberinto de sus almas. Quedan ciegos, desorientados, bañados con una luz que Apolo jamás se sintió capaz de alcanzar."

miércoles, 10 de septiembre de 2014

La estación de lluvia amarilla

Pigmalión y Galatea, Gérôme


Y en esto que con el deseo de contarle a alguien la comezón que sentía por el milagro que estaba acaeciendo en el interior de Luz Decrépita, no tardó en acercarse a un desconocido, un pasajero del vagón veintitrés. 

—Oh, Vitrubio, amigo mío, déjame contarte la última de mis desgracias, la más dulce y amarga noticia que torna mi corazón traslúcido en llamas —Luz Decrépita hizo una leve pausa, para comprobar que su amigo le estaba prestando toda la atención que requería aquel asunto—. Verás, Vitrubio mío, la cosa es así: ¡me he enamorado! Desde lo más profundo de mis entrañas hasta la piel más superficial de mis llagas. Ella es Cromática, Vitrubio, la bailarina de cabaret del vagón tercero, la de piel aterciopelada y corpórea, ¡corpórea!, ¿me oyes, Vitrubio? La de la voz que acarician las olas del cielo helado, la de los cabellos que arrastran arenas finísimas hacia la orilla del Leteo; del Leteo, sí, porque su rostro, su voz, sus ojos, me hacen olvidarme de mi propia inexistencia, Vitrubio, ¡ella es real! Y me hace con ella a mí tan real como la carne, como los raíles, tan real como nuestro diálogo, amigo mío. 

Aquel pasajero al que acababan de bautizar Vitrubio adoptó, como si fuera una radio al que le hubiesen insertado repentinamente un casete con el guión y las palabras mismas que debiera ahora decir, reaccionó ante las palabras de su reciente amigo, y suspiró como si la vida se le escapara en cada centímetro de aire que salía de su boca.

—Pero, a ver, ¿tú estás seguro de que es amor? 

—Tan seguro como que vivo estoy, Vitrubio mío —sonrió Luz Decrépita, como si aquella sonrisa fuera lo único que necesitase para sostener todos los cimientos de su incorpórea inexistencia—. Te diré más: es la mujer de mi vida, Vitrubio. ¡Nos leemos los pensamientos, somos portadores de las mismas ideas! Queriendo decir yo algo, ella ya lo piensa antes que yo; y cuando alguna palabreja sale de aquellos labios de miel y rosas en mi interior siempre me digo: “¡si es que ya sabía que iba a decir esto o aquello o lo otro!”. Si esto no es amor, Vitrubio, no sé qué es. 

A Vitrubio se le volvió a escapar un suspiro, cargado de desesperanzas por aquel amigo suyo enamorado. 

—Pues ensoñación, ¿qué va a ser si no? ¿No te hablé ninguna vez de aquel libro, ese?

—Ni idea de lo que me hablas, amigo Vitrubio —musitó sorprendido Luz Decrépita, como si no fuera aquella la primera conversación que entablaban aquellos dos desconocidos—. ¡El amor me ciega y me hace olvidar todo pensamiento pasado mal pensado! 

—Más bien, inexistente pensamiento. Pues te diré ahora, que hace no mucho que leí un libro de cuyo nombre o autor apenas recuerdo nada (ha de ser del tiempo que pasó desde que lo leí), que narraba la historia de un hombre al que el amor no le había sonreído ni una vez en su vida, y en vistas de que el arroz se le estaba pegando ya a la cazuela (como solemos decir aquellos a los que nos gusta comer mucho arroz), el destino le prometió una mujer que en tres días (y no más) llamase a su puerta y le entendiese y pensase a la perfección como él pensaba, como si fuera él mismo quien se estuviera amando a sí mismo. En los tres días siguientes acudió la mujer, a la que llamaremos Eva por no dejarla innombrada como nos dejaron a nosotros, y entre ambos surgió un profundo sentimiento que llamaron amor, y que se esparció por todos los rincones de la tierra. Desde entonces, no hubo más hombres ni mujeres que no supiesen qué pensaban sus congénitos, y lograron establecer una vida basada en el silencio: puesto que todos sabían lo que todos pensaban, no hacía falta ni la palabra. Quizás por eso me llegase a aburrir aquella obra, amigo mío. El diálogo ya no existía, ni los secretos, ni la intriga, ¡ni el caos! El amor propio se disfrazaba en todo aquel Edén ordenado y aparentemente pacífico. Los mismos personajes llegaron a saber esto o lo otro que el autor iba a decirles o hacerles, así como también el autor sabía lo que los personajes pensaban, sentían y se disponían a hacer. Los personajes, los amantes, se acabaron odiaron entre ellos y odiaron al autor, por haberlos llevado hasta aquella forma monstruosa en la que se habían transformado. El mismo autor no acabó la obra, pues sabía de sobra cómo iba a terminar, lo que sus lectores pensarían, y hasta lo que él mismo pensaría en un futuro. Lo que con esto te quiero decir, amigo mío, es que si alguna vez se presentase ante mis ojos una mujer capaz de saber todo aquello que pasa por mi cabeza, que es sólo mía y de nadie más, saldría corriendo antes que alguna mano divina o hacedora de las cosas que son, me obligase a corresponder a esa caótica armonía.

domingo, 3 de agosto de 2014

La vida parpadea

Chloe Early

         La vida parpadea. Aliento, vaho, estrellas fugaces metálicas y choques no deseados más que por fantasmas, fantasmas; esferas, y más fantasmas. Cromática parpadea. Las fantasías murieron en los vagones y en el Gran Abismo de cristal, hace mucho tiempo. Cromática suspira. Suspira. No sabe cuál es la diferencia entre el cristal y la vida, entre el sillón aterciopelado del vagón y las nubes. Sus ojos quisieran atravesar el cáliz, adueñarse de su tiempo y fundir el vapor de alas. Pero las agujas son azarosas y perfectas bailarinas en la cuerda floja. Cromática sabe que jamás podrá ser como ellas. Aun así, continúa mirando tras los diáfanos cristales, se amolda al pesado aire que consume su espacio vital: se halla demasiado lejos de la vida. La vida la mira, pero ésta no le devuelve la mirada. Cromática sólo tiene ojos para los cristales. 

          Cromática no recuerda. No recuerda cómo había llegado allí, no sabe para qué había subido a aquel tren. No recuerda nada y habla a solas con Homero, porque el diálogo no existe. El monólogo mudo es el desfile de huesos y párpados. Así, habla, habla, habla, habla, sobre todo; habla. Teme que su mudez la arrastre al vacío, se aferra a las palabras. Algún día sabe que éstas la abandonarán a ella también. Hace mucho que no sueña. Ha estado mirando demasiado tiempo al abismo, y sabe que algún día, el abismo le devolverá la mirada. 

         Sus acuarelas no resisten: se está desvaneciendo. Ayer vinieron fantasmas a pedirle la hora: ella les vendió sus colores. Sabe que algún día despertará y descenderá para poder finalmente ascender. Sabe que mientras siga bailando en la cuerda floja, ella existirá. Sabe que la cuerda no está en su poder: nunca lo estuvo. La cuerda es la sujeción del tren, de la vida, de los suspiros, de Homero y de sus versos. Estos a veces la consuelan, la llevan al Gran Teatro, la devuelven a la muerte y consiguen que se cerciore de su existencia. Quizás necesite que alguien le susurre al oído que no existe. Quizás así realmente su cuerpo sería materia y la materia, sería eterna. La vida sería suspiros y los suspiros serían versos de un can poeta ciego; los versos fugaces, disparos de agua salada y carne de neón; el neón, vientre vacío del parpadeo de un sueño; y el sueño, una ilusión vívida. El parpadeo de la cuerda se aproxima.

sábado, 19 de octubre de 2013

Prosa cortada con bisturí analógico

" "
(Prolepsis pasional)

I.
Nos quedamos dormidos
en las raíces de nuestras
sombras,
y yugulamos la sed con
bailes ástricos 
sobre los bonsáis
de la tumba de Nietzsche

II.

Y
no supimos beber más que 
el agua temerosa de ser
consumida.

(El veneno afrodisíaco)

Y,
no supimos regurgitar más que
nuestras vacilaciones 
escondidas por Edipo

III.

Sólo una vez
adquiriré el gesto hábil que 
debilita mis
entrañas

Sólo una vez,
(no harán falta más)
la constelación cerrada
mutará en
la polaridad de una nueva cueva
adyacente a nuestra grafía.

(Él-ipsis)

Inexorablemente -allí-
el ocaso abrió las techumbres
de esta maltrecha sabiduría
que bien ha dejado de importar.

Pronto habrá un eclipse marial.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Mareas


I.

La marmita en la que se consumía yacía hueca de espasmos voraces al saber. La sed saciaba su sangre aguada, y aguardaba las palpitaciones como quien aguarda el declive de una puesta de sol. 

Sus devociones.
Le consumen.

II.
Mareas.

Raudas, raídas, raleas arrolladoras de rótulo de piernas y senos de porcelana. Callaban y segregaban a través de sus poros el vaho ahogado de sus murmuraciones más secretas.

Era un experto en mareas.

Mareas que madrugaban para ver ojos saciados de luz purpúrea, mareas viscosas y viscerales, masas de fuego helado e hielo enhebrado en pupilas confinadas a lo absurdo; de caligrafía corporal: mareas.

III.

Llegué a creer en sus manos como portales transversales a las aguas marinas, sales escudriñadas y arena moldeada en forma de pipa de bohemia. Creí en el azul y en el invertebrado esquema de su anatomía derramada sobre mi carne seca. Creí en sus mareas y en su hambre augurio. Creí en su cartografía augusta exenta de demonios que le iluminaban al placer.

El mar es un cielo ajeno.

miércoles, 10 de julio de 2013

Coágulos marinos

Comiendo uvas me consumo en mis arenas y mis existencias para volver a lo que había sido antes. Nada que haya en el fondo del vaso merece ser consumido por segunda vez.

Mientras el agua corre, el sol ocasiona cáncer a las farolas. Luz, azul, hueco ambiente en tenues luces que disparatan embarazos. Frío y el rompeolas que cae en su ocaso hunde mi cuerpo en su vientre.

MAREA

Agua, sal, espejos. Las arenas se incrustan en las uñas y se incrusta en crustáceos castillos. En viento raso. No ahuyenta la hiena imponente al náufrago vacío. Éste se enfrenta con su sed, por lo que devora fluidos salados de él, devora su propio ser estrógeno para poseer alas.

miércoles, 3 de julio de 2013

La hiena no despertará

"El hilo era el lazo. Parecía mirar, pero no miraba, porque no miraba, ¿a dónde miraba? Miraba a los árboles y a los columpios pero no miraba a quién estaba jugando en ellos, entonces, ¿por qué miraba? El círculo gira y enreda a quienes juegan a la ouija en su tela de araña, le enreda a él, y a ella, y a Él también.

Él insiste porque aún el círculo le persigue en sus pesadillas:

- Quieres creer que es real, pero no lo es.

-  Pero lo real soy yo, y tú, tú no existes. Existes para mí y por mí y eso te libra de desprecios; de los que yo sí sufro. Ojalá fuera así si yo no existiera.

Pero odia este caprichoso sufrimiento.

El lazo atraviesa la cueva para conducir al otro lado, para elevar a los pródigos a cárceles celestiales y luego arrojarlos a la lava amarilla. Un guardían custodia el ocaso de éstos, era el que no miraba, el que miraba al vacío. Se disfrazaba de guardián que por las noches y salía a las afueras para amamantar a los prosélitos anhelantes de huir de la cueva"



Pugniato o "busco una nueva cueva".

Mi cueva
es la morada del ogro
que muge yermo de altas coces
que lo elevan al azul.

Una vez allí
cae estrepitosamente
contra el suelo.

Llora, y no le hago caso porque su nariz sangra sangre púrpura
de la que nacen quimeras centinelas que
custodian su agonía.

La imagen se 
desvaneceporquenoexiste.
Y en el interior del zulo que me habita las gotas cuajadas reflejan el fin
de una era.

El pez me contagia, la medusa me lanza su sangre y la inserta en mi vena vacía, 
¿por qué no lo evito? La cueva guarda en su seno la luz,

los cerebros inmolados centinelas.




miércoles, 19 de junio de 2013

Pernocta marino



IVB

Arrancaré las fauces
que me evitan ser autótrofo
pernóctida alevoso.

Cruzaré con la tiza la crasa bilis
que atormenta
mi sequía

y encontraré
a alguien.

Nada más deseo una ciénaga
en la que zozobrarme con gañidos de mamadera.

y salto en sombras de peces
agudos y medusas disueltas:
el agua es corrosiva.

___________________________________

RR

Nada con la pluma en alto
y  con la voz de beodos despiertos
cantan a la cúfica quimera absuelta de ser
rea infundada.

Y ahora vas a escribir: “vas a escribir”
con la pupila en el pito
y la sangre en las uñas
agua en las venas

harás arquitectónica malabra
dañina.

harás y por hacer harás los amores a la tierra
errada
y
yerma
y
puerca.

quemarás barbas con perfume de Kif y por quemar
quemarás balas azules y dos culos
de un vaso.

La bohemia ha muerto.
 

sábado, 27 de abril de 2013

El drama del pez medusa

I.

El pez medusa sale. Es pez por las burbujas que suelta. Es medusa por los ovarios que quiere. Es pez-medusa, o medusa-pez, no es lo mismo. O sí. El pez se adhiere a la medusa e imita sus pasos daltónicos que fuman imágenes de bohemios ubicuos. La medusa bebe, brota en víver borracho y alcanza los pasos silentes. El pez es patético.

II.

El pez zarpa a la caza de cuñas y cuñadas amadas; no Edipos, no falos ni estrógenos. Ovula y es asqueroso. Es adrógino, crecen sus pechos en sus escamas, pero aún palpita la sed del opuesto. Abarca y por abarcar se hunde en las astas del barco y se desangra de humo de puro.

III.

El pez medusa transmuta en medusa con ansia, su sombra es maestro de arcano. Y la piedra en su vientre le hunde y su cuerpo de medusa no ayuda: la medusa no existe.

lunes, 18 de febrero de 2013

La ciénaga

Como bulbos vanhacia allá
entre cabezas sin hueso
al revés.

Y, y, no; pausa.
Se detiene y muerde la fruta enviciada de 'hogo
de ahogo en leche.

Y, ¡tanto grato flan en tanta grata argucia!; y
no,
 no,
  no,
aquello revolotea,
como huevas de camaleón en vientres calientes,
como leche cuajada en tetilla vacía.

Aquellos; no tan lejanos ni no tan amantes, cruzan los pies;
engarzan sus estrías a la miel.

Engullida ésta en tronos de celdas, de celdas
de presas obesas que claman merienda y pastel,
que claman vigilia llorando
hiel.

martes, 2 de octubre de 2012

02

En este pulso vacío
caen llantos y
el más mísero
se ahoga en su abundancia.

En este planetarium
de nada más que cielos oscurecidos
aún llama la voz
al vacante ventrílocuo.

Y devoran ojos
y muecas y bronquios
y entre sus dientes
castañean melodías siniestras.

Y casi todo es ver
con el aliento
y beber sol
con los oídos.

Y todo es casi luz
casi agua
casi  tundra vacía
casi amor.

Y aquel que llora en su causa
perece en su ser.

domingo, 23 de septiembre de 2012

01

"Iba en pos a sumergirme en esta factoría de sueños que es la vida cuando me di cuenta del gran vacío que había en ese círculo purpúreo y violento, vacío de vicio. Realicé lo que me había propuesto, y caminé hacia mi agujero, porque en el fondo sabía que era allí donde debía consumirme. Y es que cuando algo pretende dar luz a oscuras en la tundra de la montaña no suele ser la cera de la vela la que falla, sino el aceite que la prende.

Y mi aceite era el colmo del líquido condensado en sí mismo. No había quién lo prendiese, y si, por mero azar lo hacía, no tardaba en subir el frío a la entrepierna y agazaparse. Sin embargo, aquella caída me sacó del ácido mío añejo para mostrarme la calvicie personificada.
¡Etérea! Era hermosa, aunque yo sabía que no tenía un pelo (siendo sarcásticos) de tonta. Es por eso que andé con cuidado, mas no pude evitar lustrarme con su presencia. Era tarde, ya me había atrapado."

viernes, 27 de julio de 2012

Permuticopia

Hartos de reptar como aves, arrancan la piel a escarchas; amamantan crías de tiburón sin poseer dientes agudos. Hartos de bucear, de sumegirse en ácido y en cuajo caliente, buscan y ahuyentan sus propios huesos y músculos, gritan y huyen de su propia vorágine. 
Hartos gritan ¡allá!; más acá no aparece, y muere constante: ante tanto vacío, velludo y veloz, viviente en el vaso de vidrio vacia el dolor. Y miran, y escrutan con las lentes confusas, cambiadas; llevan en la voz el aire no ajeno, el pelo y el cuerpo contentos.

Hartos de balbucear
palabaras sin fondo
fondo sin 
pozo.

Hartos de hablar como patos
mas siendo aún en esencia
ratas y gatos.

Permutados, son aquellos los que con el paladar alcanzan el fruto, alcanzan las uvas de Baco, el cénit, las colmenas y el colmo. Son aquellos que besan paredes y piensan en hijos de óleo, en presas de carne y neón.

Aquellos son los que con la voz apagada, encienden los sueños vagantes en busca de sed, aquellos que cantan y luego no piensan, aquellos que apagan y palpita en su cuerpo su tez.
Aquellos son ellos, los ellos, los ¡qué! los vastos cabellos de ellos y ¡quién! de aquellos que gritan y otean: sus ojos cosidos a los ojos de él.

jueves, 28 de junio de 2012

Metamorfosis


Aquello fue el inicio. Empezó por las savias, agudas, ínfimas compañeras arrastradas por las raíces y las extremidades pétreas. Por sus suspiros y colores callados, atacó hasta lo más profundo de su diminuto cuerpo de pérfido parásito, escaló por la tundra de su carne y se llevó el color. Caminó por sus párpados, por sus ojos, y por sus huellas. Por sus rugosos dedos de sílfide, y por su risa intérprete de la tragedia.
El olor: su perfume y su más mínima esencia. Bulliente como un pálpito de desvelo, acató cada mínima corriente hueca, cada tendón, cada cataclismo de su existencia. Arrancó su piel a pedazos, y la sustituyó por árboles, por tazas, por lámparas y recámaras. La sustituyó por tejidos pulidos en cuarzo, por energía pura. Por hedores. Hedores: nuevos, casquivanos y falaces, caminaban en torno a su circunvalación: en torno a su órbita circunspecta llena de roturas y huecos vacíos. Rasgó la expresión. El aliento, y el vaho alterno, cambió como pócima cambia de esencia y ranas de color, como neón encendido en llamas. Pues era el uno, y el otro quienes habían poseído corazones de autómatas confusos. Pues era el uno, más no el otro, el único que, con astucia logró escapar de aquellos títeres, encarnizados en cruentas ilusiones evocadas ante el nocebo. Pues como versos o verborrea vomitados, vomitó su vasto bramido, su piel, su carne, su ser. Afianzó sus aullidos a los huesos y cráteres nuevos, a los alientos dejados tras los rastros tímidos y escondidos. Engendró como nuevo ser, y como copia;  como espíritu vacuo. Era ser y no era, pues no era más que ser dos veces y, mal ser. 
Aquello, no fue más que el inicio de un algia de desenfreno.

El poeta



El poeta,
eterno soñador de desveladas utopías,
ruidoso can en la noche profunda,
efímero vivero latente de Afroditas.

El poeta,
figura absuelta, explosiva en su más estado puro,
carbón de neón y jaulas
vacías.

El poeta,
dueño de las lamentaciones
y sinónimo de los feligreses fieles al habla muda,
el poeta; síndrome vacío, y aún lleno.

Caído, abatido y vencido, es tanto
dañino como atrayente,
homérica figura encerrada en sí misma,
en su irreal, en su estimar ardiente.

Cae, y no cae,
pues el poeta no cae, no
muere.

El poeta crea,
nace y ve nacer.
Trae palabras a los labios rotos de los caídos,
raídas en su infinito, acabadas en su extensión.

El poeta sufre:
sufre por no dar vida,
por no crear.

Sufre hasta desangrarse de sangre púrpura,
de vocablos peliagudos hambrientos de arte,
sufre hasta no dar más vida.

El poeta,
eterno prisionero,
preso de su exención;
no cae: recae.

Pues es el poeta,
el que lucha con sus demonios
y les ladra, les ahuyenta, les oculta.

Pues es el poeta, su prisión y sus demonios,
los únicos que adhieren la escarcha a la mano vacía:
es eterno sufridor de melancolías ajenas
y soñador de utopías, cavas o tardías.

Moribundo y ciego, es el poeta,
dueño de exaltadas entretelas,
y dueño de las palabras,
a las que éstas se le entregan.

domingo, 29 de abril de 2012

Es

Es tan

frío como atrayente, burbujeante en su más estado puro: raíces de savia pura ensalzadas en pasmos celéricos.

Es simbiosis eléctrica. Es savia y saliva dulce, adicción encadenada a desvelos y a sueños tácitos; rauda belleza. Es pasión ¡y qué más!, efímera y muerta constante, es hiel dulce, ¡cóncavas raíces entrelazas en los pies del Edén! Es alma, son carnes, fauces distantes, cortantes, amenazantes... y hechizantes. Es corazón vacío, y alma llena, colmada de desenfreno y des-espera. Es frío común, hielo derretido, mas un fuego extinguido. ¡Es tan confuso! ¡Es tan inevitable! ¿No podemos, transformarlo en masticable, como al verso al mismo tiempo, en asonante? Es mente engañiza, ¡maldita! Cómo sabe bien lo que hace temblar los corazones, ¡pobres de ellos! Y aún más de sus dudosos dueños destructores.

Es confusión. Confusión ignorada, confusión exigida, palpitante, constante... es confusión. Mas no hubo jamás confusión tan fatídica, ni tan hermosa.

Es aliento mermado, es salado. Es vaho caliente sobre los párpados; sobre la piel, sobre la carne desnuda. Es miel, y es ácido. Es geométrico, y pies enlazados, es embriagadez, y es halo. Es.

jueves, 26 de abril de 2012

Como ratón experimentado

    Correteando,
 sus piececillos resonaban a la vez que dejaban una huella viscosa de tierra sucia y migas de pan. Cual húmeda esponja en bañera ajena, las ventosas de sus dáctiles tardaban en escarcharse al plano suelo forrado en ceniza antigua, y, con temerosa vacilación en sus pasos, meneaba para un lado y para otro, los ojos como dos relojes de cuerda. Pequeño y orejudo, saludaba la mordaz trampa con un vahído de desenfreno. "¿Quién eres tú, maldita, para hacerme dudar de mi inconsistencia? ¿Acaso no soy sólo más que rata y hueso, y carne encerrada? ¿Acaso tú teniendo menos seso, tengo yo más ignorancia?" —decíase con aire socrático, mas solo llegaba a nerúdito avispado—. ¿Acaso no tengo razón de ser? Mírala, mírate, ni te da vergüenza corromperle, ¡ni le da a él! Sus ojuelos miraban, y comían y no podían por tener ésta llena de hiel helada y espumarajo verbal. Ni vio el queso encerrado en los brazos del amante, ni vio la soga al cuello de él. Su ávida y lujuriosa cabecilla acarició lentamente el suelo, tras el que se asomaba un precioso amanecer.



PD: Yo lo llamo pseudo-proesía