domingo, 3 de agosto de 2014

La vida parpadea

Chloe Early

         La vida parpadea. Aliento, vaho, estrellas fugaces metálicas y choques no deseados más que por fantasmas, fantasmas; esferas, y más fantasmas. Cromática parpadea. Las fantasías murieron en los vagones y en el Gran Abismo de cristal, hace mucho tiempo. Cromática suspira. Suspira. No sabe cuál es la diferencia entre el cristal y la vida, entre el sillón aterciopelado del vagón y las nubes. Sus ojos quisieran atravesar el cáliz, adueñarse de su tiempo y fundir el vapor de alas. Pero las agujas son azarosas y perfectas bailarinas en la cuerda floja. Cromática sabe que jamás podrá ser como ellas. Aun así, continúa mirando tras los diáfanos cristales, se amolda al pesado aire que consume su espacio vital: se halla demasiado lejos de la vida. La vida la mira, pero ésta no le devuelve la mirada. Cromática sólo tiene ojos para los cristales. 

          Cromática no recuerda. No recuerda cómo había llegado allí, no sabe para qué había subido a aquel tren. No recuerda nada y habla a solas con Homero, porque el diálogo no existe. El monólogo mudo es el desfile de huesos y párpados. Así, habla, habla, habla, habla, sobre todo; habla. Teme que su mudez la arrastre al vacío, se aferra a las palabras. Algún día sabe que éstas la abandonarán a ella también. Hace mucho que no sueña. Ha estado mirando demasiado tiempo al abismo, y sabe que algún día, el abismo le devolverá la mirada. 

         Sus acuarelas no resisten: se está desvaneciendo. Ayer vinieron fantasmas a pedirle la hora: ella les vendió sus colores. Sabe que algún día despertará y descenderá para poder finalmente ascender. Sabe que mientras siga bailando en la cuerda floja, ella existirá. Sabe que la cuerda no está en su poder: nunca lo estuvo. La cuerda es la sujeción del tren, de la vida, de los suspiros, de Homero y de sus versos. Estos a veces la consuelan, la llevan al Gran Teatro, la devuelven a la muerte y consiguen que se cerciore de su existencia. Quizás necesite que alguien le susurre al oído que no existe. Quizás así realmente su cuerpo sería materia y la materia, sería eterna. La vida sería suspiros y los suspiros serían versos de un can poeta ciego; los versos fugaces, disparos de agua salada y carne de neón; el neón, vientre vacío del parpadeo de un sueño; y el sueño, una ilusión vívida. El parpadeo de la cuerda se aproxima.

sábado, 19 de octubre de 2013

Prosa cortada con bisturí analógico

" "
(Prolepsis pasional)

I.
Nos quedamos dormidos
en las raíces de nuestras
sombras,
y yugulamos la sed con
bailes ástricos 
sobre los bonsáis
de la tumba de Nietzsche

II.

Y
no supimos beber más que 
el agua temerosa de ser
consumida.

(El veneno afrodisíaco)

Y,
no supimos regurgitar más que
nuestras vacilaciones 
escondidas por Edipo

III.

Sólo una vez
adquiriré el gesto hábil que 
debilita mis
entrañas

Sólo una vez,
(no harán falta más)
la constelación cerrada
mutará en
la polaridad de una nueva cueva
adyacente a nuestra grafía.

(Él-ipsis)

Inexorablemente -allí-
el ocaso abrió las techumbres
de esta maltrecha sabiduría
que bien ha dejado de importar.

Pronto habrá un eclipse marial.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Mareas


I.

La marmita en la que se consumía yacía hueca de espasmos voraces al saber. La sed saciaba su sangre aguada, y aguardaba las palpitaciones como quien aguarda el declive de una puesta de sol. 

Sus devociones.
Le consumen.

II.
Mareas.

Raudas, raídas, raleas arrolladoras de rótulo de piernas y senos de porcelana. Callaban y segregaban a través de sus poros el vaho ahogado de sus murmuraciones más secretas.

Era un experto en mareas.

Mareas que madrugaban para ver ojos saciados de luz purpúrea, mareas viscosas y viscerales, masas de fuego helado e hielo enhebrado en pupilas confinadas a lo absurdo; de caligrafía corporal: mareas.

III.

Llegué a creer en sus manos como portales transversales a las aguas marinas, sales escudriñadas y arena moldeada en forma de pipa de bohemia. Creí en el azul y en el invertebrado esquema de su anatomía derramada sobre mi carne seca. Creí en sus mareas y en su hambre augurio. Creí en su cartografía augusta exenta de demonios que le iluminaban al placer.

El mar es un cielo ajeno.

miércoles, 10 de julio de 2013

Coágulos marinos

Comiendo uvas me consumo en mis arenas y mis existencias para volver a lo que había sido antes. Nada que haya en el fondo del vaso merece ser consumido por segunda vez.

Mientras el agua corre, el sol ocasiona cáncer a las farolas. Luz, azul, hueco ambiente en tenues luces que disparatan embarazos. Frío y el rompeolas que cae en su ocaso hunde mi cuerpo en su vientre.

MAREA

Agua, sal, espejos. Las arenas se incrustan en las uñas y se incrusta en crustáceos castillos. En viento raso. No ahuyenta la hiena imponente al náufrago vacío. Éste se enfrenta con su sed, por lo que devora fluidos salados de él, devora su propio ser estrógeno para poseer alas.

miércoles, 3 de julio de 2013

La hiena no despertará

"El hilo era el lazo. Parecía mirar, pero no miraba, porque no miraba, ¿a dónde miraba? Miraba a los árboles y a los columpios pero no miraba a quién estaba jugando en ellos, entonces, ¿por qué miraba? El círculo gira y enreda a quienes juegan a la ouija en su tela de araña, le enreda a él, y a ella, y a Él también.

Él insiste porque aún el círculo le persigue en sus pesadillas:

- Quieres creer que es real, pero no lo es.

-  Pero lo real soy yo, y tú, tú no existes. Existes para mí y por mí y eso te libra de desprecios; de los que yo sí sufro. Ojalá fuera así si yo no existiera.

Pero odia este caprichoso sufrimiento.

El lazo atraviesa la cueva para conducir al otro lado, para elevar a los pródigos a cárceles celestiales y luego arrojarlos a la lava amarilla. Un guardían custodia el ocaso de éstos, era el que no miraba, el que miraba al vacío. Se disfrazaba de guardián que por las noches y salía a las afueras para amamantar a los prosélitos anhelantes de huir de la cueva"



Pugniato o "busco una nueva cueva".

Mi cueva
es la morada del ogro
que muge yermo de altas coces
que lo elevan al azul.

Una vez allí
cae estrepitosamente
contra el suelo.

Llora, y no le hago caso porque su nariz sangra sangre púrpura
de la que nacen quimeras centinelas que
custodian su agonía.

La imagen se 
desvaneceporquenoexiste.
Y en el interior del zulo que me habita las gotas cuajadas reflejan el fin
de una era.

El pez me contagia, la medusa me lanza su sangre y la inserta en mi vena vacía, 
¿por qué no lo evito? La cueva guarda en su seno la luz,

los cerebros inmolados centinelas.




miércoles, 19 de junio de 2013

Pernocta marino



IVB

Arrancaré las fauces
que me evitan ser autótrofo
pernóctida alevoso.

Cruzaré con la tiza la crasa bilis
que atormenta
mi sequía

y encontraré
a alguien.

Nada más deseo una ciénaga
en la que zozobrarme con gañidos de mamadera.

y salto en sombras de peces
agudos y medusas disueltas:
el agua es corrosiva.

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RR

Nada con la pluma en alto
y  con la voz de beodos despiertos
cantan a la cúfica quimera absuelta de ser
rea infundada.

Y ahora vas a escribir: “vas a escribir”
con la pupila en el pito
y la sangre en las uñas
agua en las venas

harás arquitectónica malabra
dañina.

harás y por hacer harás los amores a la tierra
errada
y
yerma
y
puerca.

quemarás barbas con perfume de Kif y por quemar
quemarás balas azules y dos culos
de un vaso.

La bohemia ha muerto.