sábado, 27 de abril de 2013

El drama del pez medusa

I.

El pez medusa sale. Es pez por las burbujas que suelta. Es medusa por los ovarios que quiere. Es pez-medusa, o medusa-pez, no es lo mismo. O sí. El pez se adhiere a la medusa e imita sus pasos daltónicos que fuman imágenes de bohemios ubicuos. La medusa bebe, brota en víver borracho y alcanza los pasos silentes. El pez es patético.

II.

El pez zarpa a la caza de cuñas y cuñadas amadas; no Edipos, no falos ni estrógenos. Ovula y es asqueroso. Es adrógino, crecen sus pechos en sus escamas, pero aún palpita la sed del opuesto. Abarca y por abarcar se hunde en las astas del barco y se desangra de humo de puro.

III.

El pez medusa transmuta en medusa con ansia, su sombra es maestro de arcano. Y la piedra en su vientre le hunde y su cuerpo de medusa no ayuda: la medusa no existe.

lunes, 18 de febrero de 2013

La ciénaga

Como bulbos vanhacia allá
entre cabezas sin hueso
al revés.

Y, y, no; pausa.
Se detiene y muerde la fruta enviciada de 'hogo
de ahogo en leche.

Y, ¡tanto grato flan en tanta grata argucia!; y
no,
 no,
  no,
aquello revolotea,
como huevas de camaleón en vientres calientes,
como leche cuajada en tetilla vacía.

Aquellos; no tan lejanos ni no tan amantes, cruzan los pies;
engarzan sus estrías a la miel.

Engullida ésta en tronos de celdas, de celdas
de presas obesas que claman merienda y pastel,
que claman vigilia llorando
hiel.

martes, 2 de octubre de 2012

02

En este pulso vacío
caen llantos y
el más mísero
se ahoga en su abundancia.

En este planetarium
de nada más que cielos oscurecidos
aún llama la voz
al vacante ventrílocuo.

Y devoran ojos
y muecas y bronquios
y entre sus dientes
castañean melodías siniestras.

Y casi todo es ver
con el aliento
y beber sol
con los oídos.

Y todo es casi luz
casi agua
casi  tundra vacía
casi amor.

Y aquel que llora en su causa
perece en su ser.

domingo, 23 de septiembre de 2012

01

"Iba en pos a sumergirme en esta factoría de sueños que es la vida cuando me di cuenta del gran vacío que había en ese círculo purpúreo y violento, vacío de vicio. Realicé lo que me había propuesto, y caminé hacia mi agujero, porque en el fondo sabía que era allí donde debía consumirme. Y es que cuando algo pretende dar luz a oscuras en la tundra de la montaña no suele ser la cera de la vela la que falla, sino el aceite que la prende.

Y mi aceite era el colmo del líquido condensado en sí mismo. No había quién lo prendiese, y si, por mero azar lo hacía, no tardaba en subir el frío a la entrepierna y agazaparse. Sin embargo, aquella caída me sacó del ácido mío añejo para mostrarme la calvicie personificada.
¡Etérea! Era hermosa, aunque yo sabía que no tenía un pelo (siendo sarcásticos) de tonta. Es por eso que andé con cuidado, mas no pude evitar lustrarme con su presencia. Era tarde, ya me había atrapado."

viernes, 27 de julio de 2012

Permuticopia

Hartos de reptar como aves, arrancan la piel a escarchas; amamantan crías de tiburón sin poseer dientes agudos. Hartos de bucear, de sumegirse en ácido y en cuajo caliente, buscan y ahuyentan sus propios huesos y músculos, gritan y huyen de su propia vorágine. 
Hartos gritan ¡allá!; más acá no aparece, y muere constante: ante tanto vacío, velludo y veloz, viviente en el vaso de vidrio vacia el dolor. Y miran, y escrutan con las lentes confusas, cambiadas; llevan en la voz el aire no ajeno, el pelo y el cuerpo contentos.

Hartos de balbucear
palabaras sin fondo
fondo sin 
pozo.

Hartos de hablar como patos
mas siendo aún en esencia
ratas y gatos.

Permutados, son aquellos los que con el paladar alcanzan el fruto, alcanzan las uvas de Baco, el cénit, las colmenas y el colmo. Son aquellos que besan paredes y piensan en hijos de óleo, en presas de carne y neón.

Aquellos son los que con la voz apagada, encienden los sueños vagantes en busca de sed, aquellos que cantan y luego no piensan, aquellos que apagan y palpita en su cuerpo su tez.
Aquellos son ellos, los ellos, los ¡qué! los vastos cabellos de ellos y ¡quién! de aquellos que gritan y otean: sus ojos cosidos a los ojos de él.

jueves, 28 de junio de 2012

Metamorfosis


Aquello fue el inicio. Empezó por las savias, agudas, ínfimas compañeras arrastradas por las raíces y las extremidades pétreas. Por sus suspiros y colores callados, atacó hasta lo más profundo de su diminuto cuerpo de pérfido parásito, escaló por la tundra de su carne y se llevó el color. Caminó por sus párpados, por sus ojos, y por sus huellas. Por sus rugosos dedos de sílfide, y por su risa intérprete de la tragedia.
El olor: su perfume y su más mínima esencia. Bulliente como un pálpito de desvelo, acató cada mínima corriente hueca, cada tendón, cada cataclismo de su existencia. Arrancó su piel a pedazos, y la sustituyó por árboles, por tazas, por lámparas y recámaras. La sustituyó por tejidos pulidos en cuarzo, por energía pura. Por hedores. Hedores: nuevos, casquivanos y falaces, caminaban en torno a su circunvalación: en torno a su órbita circunspecta llena de roturas y huecos vacíos. Rasgó la expresión. El aliento, y el vaho alterno, cambió como pócima cambia de esencia y ranas de color, como neón encendido en llamas. Pues era el uno, y el otro quienes habían poseído corazones de autómatas confusos. Pues era el uno, más no el otro, el único que, con astucia logró escapar de aquellos títeres, encarnizados en cruentas ilusiones evocadas ante el nocebo. Pues como versos o verborrea vomitados, vomitó su vasto bramido, su piel, su carne, su ser. Afianzó sus aullidos a los huesos y cráteres nuevos, a los alientos dejados tras los rastros tímidos y escondidos. Engendró como nuevo ser, y como copia;  como espíritu vacuo. Era ser y no era, pues no era más que ser dos veces y, mal ser. 
Aquello, no fue más que el inicio de un algia de desenfreno.

El poeta



El poeta,
eterno soñador de desveladas utopías,
ruidoso can en la noche profunda,
efímero vivero latente de Afroditas.

El poeta,
figura absuelta, explosiva en su más estado puro,
carbón de neón y jaulas
vacías.

El poeta,
dueño de las lamentaciones
y sinónimo de los feligreses fieles al habla muda,
el poeta; síndrome vacío, y aún lleno.

Caído, abatido y vencido, es tanto
dañino como atrayente,
homérica figura encerrada en sí misma,
en su irreal, en su estimar ardiente.

Cae, y no cae,
pues el poeta no cae, no
muere.

El poeta crea,
nace y ve nacer.
Trae palabras a los labios rotos de los caídos,
raídas en su infinito, acabadas en su extensión.

El poeta sufre:
sufre por no dar vida,
por no crear.

Sufre hasta desangrarse de sangre púrpura,
de vocablos peliagudos hambrientos de arte,
sufre hasta no dar más vida.

El poeta,
eterno prisionero,
preso de su exención;
no cae: recae.

Pues es el poeta,
el que lucha con sus demonios
y les ladra, les ahuyenta, les oculta.

Pues es el poeta, su prisión y sus demonios,
los únicos que adhieren la escarcha a la mano vacía:
es eterno sufridor de melancolías ajenas
y soñador de utopías, cavas o tardías.

Moribundo y ciego, es el poeta,
dueño de exaltadas entretelas,
y dueño de las palabras,
a las que éstas se le entregan.